martes, diciembre 11, 2007

La historia de él...

Y como si algo conocido encontrase en aquellas palabras, en esas tristes imágenes que le venían a la mente, lloró… por sus ojos corrieron unas dos o tres lágrimas…hizo el esfuerzo por no soltar más…

Hasta el túnel de sus recuerdos voló la primera vez que la vio… dulce y frágil… etérea y tan terrenal… lo que había soñado en un cuerpo y una cara que jamás había imaginado… y que siempre se negaría a aceptar…

Ahora en su soledad, reconocía que jamás se había enamorado, sólo sentía necesidad de ser amado, adorado, quizás odiado… pero quería ser “alguien”, el “motivo” para algún otro “nadie”…

Y cuando ella apareció, él simplemente estaba sumido en sus pensamientos, en su ahogante turbación, en su eterno ego… ella no llegaría a ser “alguien” pero en su vida ya había dejado ser “nadie”… y eso le provocaba preferir dormir, alejarse, estar ausente del mundo… tenía miedo… un miedo que no podía describir con palabras pero que le torturaba por la noche… en el día, cuando se aislaba…

Recitaba las palabras en su mente una y otra vez, tratando de convertirlas en letras sin significado, sin ninguna conexión…s, o, l, e, d, a, d… t, r, i, s, t, e, z, a… d, e, s, e, o…

Pero cada letra surgía acompañada de una parte de aquella mujer que no le significaba nada, pero que ahora aparecía perpetua…y sin acabar… porque en realidad no la conocía, ni siquiera a la mitad…

Sí… recordaba sus constantes caprichos… su infantil carácter y su augusta manera de aparecer con los demás… con él, no… con él, nunca… no tenía porqué fingir… o tal vez con él, ella era otra… ya de nada estaba seguro…

La recordaba mordiéndose los labios mientras su mente volaba a lugares que él ni siquiera podía sospechar… siempre ahí, ausente… a su lado, como perro fiel pero arisca como un gato…

Sin decir nada, algunas noches se convertía en su amante y otras tantas ella se refugiaba en alguna otra parte, como si él de verdad no fuera importante… pero eso no era elemental para la soledad de esos dos cuerpos que sencillamente se acompañaban cuando querían estar… cuando se sentían parte del mundo alejados de todo lo demás…

Y aunque extrañaba sus ojos, sus labios y su cuerpo junto a él, no se arrepentía de haberla dejado pasar… pero ahora, aquella historia tortuosa lo había hecho regresar… “nadie” parecía convertirse en “alguien”… y eso dolía… no lo podía aceptar…

Así que ahogó otras dos o tres lágrimas, se encerró en alguno de sus vicios, ya llegaría la hora esperada… ¿la hora de qué? ¿de otra ella? ¿de la muerte eterna?

Desdichadamente se dio cuenta que esas respuestas no interesaban a nadie… se había quedado solo… completamente solo…

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