Nadie sabía cuán grande fue el amor que por ti sentía
y menos el dolor que me causé al seguirte.
Ahogué las lágrimas, la melancolía...
suspiraba porque llegara ese día,
en que despertara sin tu infinita presencia...
Desaparecí todo lo que significaba dos
y deseché los sueños de mi almohada.
No permití vestirme para la ocasión...
cambié mis ropas por las de alegría
y esperé que se esfumara
la esencia de tu ser...
Apagué las velas, acallé las voces
y rompí en papeles lo que en verdad sufría.
Rasgué mi alma antes de permitirme gritar...
traté de curar las heridas en silencio.
Pero el callar no me servía,
para qué resistirse a lo que tú ya sabías?
Guardé mi disfraz...
dije por fin lo que había que contar,
y después de más de un mes
estoy dispuesta a descansar...