Entre las excentricidades de la vida, un día lo fui a conocer a él… Luces de colores iluminaban aquella desgarbada fachada, que acrecentaba el enigma de su personalidad… y aunque al principio no me provocaba nada, a la segunda vista me cautivo su seguridad…
Era tan él mismo, como todos lo hemos sido alguna vez, pero su ir y venir despreocupado y el hablar de todo y nada al mismo tiempo simplemente hicieron desquiciar todos mis horarios…
Y ahí estaba yo, presente cuando él me lo pedía… escuchando su alboroto y acercándolo a mi vida… tarea nada sencilla…
Así, renacía en su melodía… me olvidaba de todo, imaginaba su sonrisa…y entonces yo también sonreía… mientras esperaba volver a su espacio, donde absurdamente me sentía protegida…
No lo conocí muy bien…fueron tan pocos los días…pero en mis soledades su voz se convierte en caricias, su tranquilidad en mi paz…
No hay comentarios.:
Publicar un comentario